La confianza es algo que se gana con el tiempo, poder confiar en alguien, requiere de conocer mejor a la persona.

Por la bendición de Dios, trabajo en una agencia de mercadotecnia donde atiendo a muchas personas, cuando un cliente me contrata para un proyecto, me proporciona las claves de acceso a sus páginas de Internet y a sus redes sociales, con el fin de administrarlas.

Estos sitios web y perfiles de Facebook o Instagram son su medio de subsistencia, su negocio, ¿le confiarías a un extraño tu fuente de ingresos?

Si a veces nos cuesta confiar en una persona a la que podemos ver y escuchar, confiar en Dios, a quien no podemos ver, ni escuchar, es más difícil.

En mi caso, me gano la confianza de mis clientes, tratando con la máxima seguridad sus datos y accesos, aconsejándolos y educándolos sobre las metodologías que sigo, para que tengan éxito a través de la mercadotecnia, construyendo una relación de negocios basada en la honestidad, la credibilidad y la experiencia.

Les muestro ejemplos de mis trabajos anteriores, y les explico en que consistió lo que hice para que mis clientes aumentaran sus ventas, y mejoraran su posicionamiento en Internet. La transparencia, la honestidad, y el cumplimiento de mi trabajo en las fechas y los términos acordados, es lo que genera confianza.

Con Dios pasa algo parecido, no podemos verlo, pero si podemos ver sus obras, no podemos oírlo, pero si podemos leer su Palabra, a través de la Biblia, Dios nos habla y se revela a nosotros como un ser real, un padre bueno y justo, que cuida de sus hijos y castiga la maldad. Podemos confiar en Él, porque sabemos que siempre cumple sus promesas, la historia del pueblo judío y de la iglesia cristiana, es la mejor prueba de que la confianza en Dios trae buenos frutos.

En Proverbios 3:1-12, el rey Salomón nos enseña a confiar en Dios.

Hijo mío, no te olvides de mi ley,
Y tu corazón guarde mis mandamientos;
Porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán.

(Proverbios 3:1-2, RV1960).

Como buen padre, le pide a su hijo que aprecie sus mandamientos, no se trata de opiniones o comentarios, sino de leyes para el corazón, tampoco es un imposición de un padre autoritario a su hijo, sino una promesa, de que si obedece a sus buenos consejos, su vida será larga y llena de paz.

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad;
Atalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón;
Y hallarás gracia y buena opinión,
Ante los ojos de Dios y de los hombres.

(Proverbios 3:3-4, RV1960).

Confiar en Dios es sentir misericordia, y tener la capacidad de amar a los demás, una cualidad que se está perdiendo en nuestro días, el uso excesivo de la tecnología y el estilo de vida acelerado que llevamos, nos aleja de las personas a nuestro alrededor, cómo podemos amar a alguien sino lo conocemos.

Ser honesto es decir la verdad, alguien que dice la verdad no miente, una persona que no miente es alguien digno de confianza, Salomón le enseña a su hijo, que si ama a su prójimo y no miente, tanto Dios como los hombres lo van a apreciar y van a decir cosas buenas de él.

Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.

(Proverbios 3:5, RV1960).

Como humanos, somos imperfectos, cometemos errores y tenemos defectos, pero Dios es perfecto y santo, nuestra confianza debe estar primero en el Señor.

Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.

(Proverbios 3:6, RV1960).

Si reconocemos la mano de Dios en todo lo que hacemos, el Señor es tan bueno que nos corregirá, cuando nos desviemos del buen camino.

No seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal.

(Proverbios 3:7, RV1960).

No es aconsejable confiar en nuestro propio juicio, porque podemos equivocarnos. Es mejor tener temor de Dios y apartarnos del mal, porque hacerlo traerá cosas buenas.

Porque será medicina a tu cuerpo,
Y refrigerio para tus huesos.

(Proverbios 3:8, RV1960).

Apartarse del mal, trae como recompensa gozar de buena salud, nuestra mejor medicina es el Señor y su Palabra.

Honra a Jehová con tus bienes,
Y con las primicias de todos tus frutos;
serán llenos tus graneros con abundancia,
Y tus lagares rebosarán de mosto.

(Proverbios 3:9-10, RV1960).

Como un padre amoroso que quiere lo mejor para sus hijos, y que se alegra de sus éxitos, Dios nos recompensa con abundancia y prosperidad, cuando lo honramos en lo que tenemos.

No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová,
Ni te fatigues de su corrección;
Porque Jehová al que ama castiga,
Como el padre al hijo a quien quiere.

(Proverbios 3:11-12, RV1960).

Dios recompensa siempre el bien y castiga el mal, porque es bueno y santo, la Santa Biblia es prueba de ello. Como un buen padre, el Señor no quiere que nada malo nos pase, por eso es tan severo con nuestro mal comportamiento, y tan justo cuando hacemos el bien.

No hay que despreciar su justicia, ni su disciplina, hay que apreciarlas y valorarlas, porque en ellas está nuestra firmeza para mantenernos en el bien, y la oportunidad para enmendar nuestros errores, cuando nos equivocamos.

La Biblia nos enseña a confiar en Dios.

De la sabiduría de Salomón hemos aprendido a confiar en Dios. Confiar en el Señor, es entregarle todo lo que tenemos, para que lo multiplique y lo bendiga, es amar a nuestros semejantes y perdonarlos, es ser honestos y hacer el bien, es apartarse del mal.

Queda claro que la confianza de Dios es mucho mejor que la confianza de los hombres, la confianza del Señor es amor y verdad, justicia y bondad, prosperidad y abundancia.

Sigue los estudios bíblicos de la serie “El mes de la Sabiduría” haciendo click en el enlace.



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Francisco Gómez
Ex canalizador Nueva Era y escritor cristiano, experto en guerra espiritual, extraterrestres y ocultismo. Sin miedo a defender su nueva fe en Cristo, ni a denunciar los peligros de la espiritualidad Nueva Era y la agenda extraterrestre.